LUNES 05 DE NOVIEMBRE DE 2007
¿Qué sucede cuando un reconocido artista es a la vez un buen manager de negocios? Muchos escritos señalan que es la fórmula ideal. Tal es el caso Francis Ford Coppola, uno de los mejores directores de cine contemporáneos y a la vez artífice de múltiples emprendimientos comerciales como una bodega, una revista, una marca de pasta y hasta un hotel. En el marco de Expomanagement, Coppola se dio el lujo de cuestionar las malas prácticas del marketing a la vez que ofreció su fórmula para todo negocio: tener poetas e ingenieros; mientras unos crean, los otros implementan.
La primera clave que ofreció Francis Ford Coppola a los emprendedores o incluso empresarios ya con experiencia es que cualquier negocio que lleven adelante tiene que hacerse por gusto, por placer, no por obligación. Se refirió, mas precisamente, a que en su caso todos los emprendimientos que tiene están ligados a su historia familia: el cine tiene inspiración en su padre que fue pionero en el cine sonoro en Hollywood, las pastas simplemente porque él es un gran cocinero de pastas, las bodegas porque es un fanático del buen vino, su emprendimiento editorial tiene raíz en su pasión por la lectura y su hotel es el resultado de su aficción por los viajes.
Desde su punto de vista las empresas deberían estar divididas en dos grandes grupos de personal: por un lado los poetas y por el otro los ingenieros. Son dos áreas que se deben comunicar y establecer lazos de encuentro pero que en sus funciones son claramente diferentes: los primeros deben pensar la idea mientras que los segundos son los responsables de implementarla. Esta división logrará que cada integrante de la empresa tenga foco en su trabajo.
Y aquí, para Coppola se presenta otro dilema que lo atravesó a él en casi todas sus películas. Cómo lograr que los recursos humanos que uno quiere para el proyecto sean de la partida y no vayan a la competencia. La opción para él tiene que ver con la decisión de “invitar a la fiesta” a la persona elegida. Tiene que plantearse como un juego de seducción y no como una cuestión meramente económica porque la reducción del pensamiento a una variable numérica le quita dimensión al proyecto original.
También destacó la necesidad de que cada proyecto o emprendimiento tenga claramente el concepto que lo represente. En este sentido se remitió a la publicidad como la gran disciplina que ha logrado colocar en pocas palabras toda la dimensión de un marca. Pero como lo suyo es el cine, prefirió dar un ejemplo del cine y le preguntó a la audiencia que lo estaba escuchando: “¿Cuál es el tema de El Padrino?”. Muchos se aventuraron en la respuesta y señalaron: “la mafia”, “ la llegada de lo italianos a América”, “Nueva York como cuna de la mafia en Estados Unidos”. “No” dijo rotundamente. “El concepto detrás de la película es la sucesión; la preocupación de un padre por ver quién lo va a suceder en su legado”. La misma pregunta la formuló para referirse a Apocalipsis Now. Y aclaró: “Aquí el tema es la ambigüedad de la moral de los Estados Unidos”.
¿Y el marketing?
“Nunca supe lo que era el marketing”, se despachó Coppola ante una audiencia que justamente fue a escuchar muchos consejos sobre esta disciplina. “Hasta que me enteré de qué se trataba esa herramienta, para mí la culpa de todos siempre la tenían las agencias de publicidad que no acertaban con los comerciales. Cuando tuve que involucrarme en la gestión de una empresa, me di cuenta de cuáles eran las tareas del departamento de Marketing y tomé nota que uno de los problemas era la falta de decisión en su accionar: como su actividad incide en las ventas y no pueden bajo ningún punto de vista vender menos, la totalidad de sus decisiones y acciones son conservadores: Van a lo seguro”.
Y luego agregó: “Y todo emprendimiento tiene que ser un riesgo, de lo contrario no habrá posibilidad de ganar. Fíjense lo que sucede en Hollywood: el cine actual es un negocio financiero, ni siquiera es un negocio de ideas. No hay riesgos en los filmes que se producen: filman terceras y cuartas partes porque es un éxito garantizado, pero no se corre riesgo y el producto cae fácilmente en el olvido. Hasta se puede predecir el final de las películas actuales”.
Finalmente se refirió a la necesidad de ser uno mismo el productor del emprendimiento y evitar la financiación de terceros hasta que el producto esté maduro. De lo contrario serán los números los que guíen el proyecto y no las buenas ideas. “Con ésto no quiero decir ser un derrochador, al contrario hay que ser intolerante con la idea de perder dinero, pero tampoco hay que dejar de correr riesgos en el proyecto, porque la ausencia de riesgos es garantía de aburrimiento y fracaso.”
Coppola, aun frente a una audiencia que sólo fue a poner el oído, supo conquistar con anécdotas, buen humor y claros ejemplos de cómo la vida, es siempre una oportunidad de negocio. Sólo hay que saber descubrirla.