VIERNES 15 DE SEPTIEMBRE DE 2006
Un completo informe realizado por LatinPanel Argentina señala que en los hogares donde viven menores de 12 años se gasta un 3 por ciento más en la canasta básica, que en los que no residen personas de este grupo. Además, en estas casas se destina a ellos un cuarto del presupuesto total y son proclives a elegir primeras marcas al comprar para la canasta infantil. Existen diferencias sustanciales en el surtido y en las cantidades compradas, según el nivel socioeconómico de la vivienda.
En los hogares de los distintos niveles socioeconómicos se percibe un denominador común en el consumo de los productos de la canasta básica: a la hora de abastecerse de artículos de Alimentación, Cosmética y Limpieza destinados a los chicos menores de 12 años, en todas las casas son más propensos a comprar primeras marcas, según un informe elaborado por la consultora LatinPanel Argentina sobre la base de su panel permanente de 3 mil hogares en todo el país.
Como resultado, un 25 por ciento de su presupuesto total es destinado a los niños y gastan un 3 por ciento más que en las casas en las que no viven chicos pequeños. Los hogares con niños menores de 12 años –hay 10 millones de chicos de hasta esa edad en el país– representan el 42 por ciento del total de las viviendas en la Argentina. En estos hogares, eligen precios bajos cuando compran productos de categorías de consumo general.
En la canasta infantil, las primeras marcas representan en promedio 5 puntos más de participación que en la canasta no infantil para todos los NSE. Todos los hogares destinan un 45 por ciento de sus gastos de la canasta no infantil en primeras marcas, mientras desembolsan en este tipo de firmas un 49,8 por ciento del total de la canasta infantil. En el nivel medio, es donde se hace mayor esta diferencia: en primeras marcas, gastan el 51,9 por ciento del total de la canasta no infantil; y el 59,2 por ciento de la canasta infantil.
Los hogares con niños son más innovadores que la media a la hora de probar productos nuevos en las categorías Gaseosas, Jugos, Helados y Snacks. En cambio, si se trata de elegir alimentos básicos, se inclinan por opciones más convencionales. Las categorías de productos cuyos destinatarios son los chicos son Cacao en Polvo, Pañales, Leches en Polvo, Postres Refrigerados, Prefritos de pollo, Hamburguesas y Snacks.
Por nivel socioeconómico
El promedio de gasto de los hogares de NSE bajo con niños de hasta 12 años es proporcionalmente más elevado que en hogares con mayor poder adquisitivo donde viven chicos de esa edad. Además, la cantidad de chicos por hogar es mayor cuanto menor es el nivel socioeconómico de la vivienda. Según el informe de LatinPanel, los hogares del sector marginal en donde viven menores de 12 años gastan un 8 por ciento más que la media, mientras que los de NSE bajo destinan un 5 por ciento más y los del alto, un 4 por ciento menos.
En el 44,7 por ciento de los hogares marginales hay al menos un niño de menos de 12 años, mientras que en los hogares de clase media y alta este porcentaje se reduce en casi 10 puntos. La presencia de niños por vivienda también varía de acuerdo a la zona geográfica del país. Mientras que en el área de Capital Federal y Gran Buenos Aires hay niños en el 37,1 por ciento de los hogares, en el Interior el porcentaje se eleva a 44,8 por ciento.
Por otro lado, de acuerdo al poder adquisitivo de las familias, varía el promedio desembolsado en los productos para niños. Una familia de clase alta destina a los niños un 30 por ciento de todo lo que gasta en compras de la canasta básica para el hogar. Un hogar de clase media gasta en productos para niños un 26,3 por ciento del presupuesto total; y, ya debajo del promedio nacional, en un hogar de clase baja el gasto destinado a abastecer a los niños cae al 23,1 por ciento y llega al 22 por ciento en uno del sector marginal.
Diferente surtido
No sólo en el porcentaje de gasto se ven las diferencias entre los distintos NSE: el poder adquisitivo de las familias también impacta en el surtido de productos que se adquieren para los chicos.
A medida que se eleva el NSE de un hogar, se enriquece la canasta de productos que se compra para los niños. La canasta de un hogar de clase alta es 30 por ciento más surtida que la de un hogar marginal, un 20 por ciento más surtida que la de uno de clase baja y un 7 por ciento más que la de una familia de clase media. La brecha más notoria se da entre las canastas de clase alta y media respecto de las de los segmentos de menores recursos.
Productos como Leche, Yogur, Gaseosas, Jugos y Galletitas dulces forman parte de la alimentación de todos los niños argentinos, aunque estén asociados, de acuerdo al nivel socioeconómico de la familia, a diferentes niveles de intensidad y hábitos de consumo.
Un hogar de clase alta consume casi el doble de Galletitas dulces que un hogar marginal. Mientras el primero consume 14 kilos de galletitas en un año, un hogar marginal sólo llega a ocho kilos.
Si bien es consumida por todos los hogares, la leche en polvo se consume el doble entre las familias más pobres de nuestro país que entre las más de mejor posición económica. Este comportamiento se debe a dos factores: este producto rinde más que la leche líquida y es incluido en la canasta de ayuda social. El 12 por ciento de los hogares del sector marginal no consumió leche líquida en los últimos doce meses.
En los hogares con mayor poder adquisitivo el consumo de yogur es más habitual en su presentación de pote. En cambio, en los de menor NSE prevalece la compra de yogur bebible en sachet.
Por otro lado, otras categorías como el Cacao en Polvo se compran con la misma frecuencia en todos los estratos de la sociedad, aunque los hogares con mayor poder adquisitivo eligen paquetes más grandes, por lo que compran más cantidad por vez. El resultado de este comportamiento es que los niños de clase alta consumen 50 por ciento más cacao en polvo que los del sector marginal.
También hay otros productos que faltan en la dieta de muchos niños de bajos recursos, como Leches saborizadas y Prefritos de pollo. Las Leches saborizadas se consumen en uno de cada dos hogares en el nivel alto, mientras que sólo son compradas por uno de cada cinco hogares del segmento marginal. Los prefritos de pollo forman parte de la alimentación de uno de cada tres hogares en la clase alta, y sólo de uno de cada diez hogares marginales.