miércoles 23 de mayo de 2012

Alerta de falsificación

por Yanina Sibona

MIERCOLES 26 DE OCTUBRE DE 2005

Analizar el actual mercado vitivinícola no es discutir sobre gustos y sabores sino empaparse de toda una cultura que se fortalece y perfecciona. Mayor cautela hay que tener aún, si el tema que convoca es la falsificación del vino en toda la extensión de la palabra, desde su contenido hasta su packaging. Y cada uno de los elementos juega un rol fundamental en el problema: la etiqueta, el envase, el sello, la partida, el número de serie, el corcho y hasta una marca, casi imperceptible para los desentendidos, en el fondo de la botella.

No es posible determinar, al menos desde el punto de visa periodístico, el origen de este fenómeno pero los vinos truchos están entre nosotros y las botellas falsificadas relucen las góndolas. Junto con el auge del sector se produjo, irremediablemente, el incremento del fraude en la industria de todo el mundo.
Para entender el contexto en el que se produce la falsificación en la Argentina habría que recurrir al dato que citó la Interpol en un informe sobre los más selectos bienes de consumo en el cual, se informaba un aumento a nivel internacional de la falsificación de los productos de consumo que llegaba al 6 por ciento y entre los cuales por supuesto, se incluía a los vinos.
Los especialistas vitivinícolas aseguran que el fenómeno se concentra en el grupo de botellas que oscilan entre los 10 o 15 pesos, porque el público que los consume si bien está acostumbrado a tomar vino, no suele fijarse detenidamente en cada uno de los detalles que componen el producto
Lo cierto, es que si bien todos estos casos son factibles de que sucedan y engrandecen el mercado de la piratería, los que marcan tendencia a la hora de comprar sin conocimiento pero a precios elevados son los esnobistas. Según Sebastián Bossi, sommelier experto en vinos y bebidas del mundo, “en la Argentina del 1 a 1 era muy frecuente el comercio de vino falsificado, y se podía conseguir fácilmente un espumante trucho de Pommery o Don Perignon visitando simplemente páginas del tipo Mercado Libre. Era una época mayor oferta y mayor demanda”.
Camino a la falsificación
Es indispensable para llegar a la situación actual, comprender como fue la ruta del vino en la Argentina. Según Bossi, a comienzos de los 90 era difícil conseguir vinos de un valor mayor a 15 o 20 pesos, un vino caro era considerado por ejemplo un Rutini o un Navarro Correas. En ese momento el mercado nacional no era rentable para la falsificación. A fines de los 90, junto con el boom del vino, se produjo en el país el apogeo de la falsificación con bodegas como Catena Zapata que el precio por botella rondaba los 50, 100 o 200 pesos/dólares. Cuando el dólar dejó de estar al mismo precio que el peso, las aguas se aplacaron y actualmente comienza a notarse como disminuye el número de falsificados en el mercado local.
Uno de los lugares más comunes en donde todavía se pueden conseguir vinos finos falsificados, que de finos sólo tienen el nombre, es como explica Bossi, en algunos mercaditos chicos. Las grandes cadenas de hipermercados como Jumbo, Disco o Coto se manejan directamente con las bodegas y a no ser que el gerente tenga un arreglo con algún distribuidor, es imposible que en las góndolas se traspapele alguno trucho.
Otra situación habitual en donde se puede producir la infiltración de vinos falsos es por ejemplo, en una fiesta organizada en un hotel, en donde el que elige la bodega casi siempre es el que organiza el encuentro. En esos casos, recurriendo a la figura de un esnobista, podemos ver cómo por poner una marca sobre la mesa, no se fijan en qué es lo que se está comprando ni si la bebida congenia con la comida seleccionada para la ocasión.
La forma de controlar la falsificación, según Geraldine Sánchez Sieburger, gerente de Marketing de Diageo sería, principalmente, desde las empresas realizando degustaciones sistemáticas con muestras extraídas de los diferentes puntos de venta. “Recorridos del tipo “mistery” por parte de toda nuestra fuerza de venta”. Otra posibilidad es la de enviar comandos sorpresas en los diferentes lugares del on-trade; brigadas de control implementadas por el departamento de calidad en los diferentes puntos del país y del exterior. López aclara que por sobre todas estas medidas existe el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) y los diferentes organismos de control que ejercen un fuerte y estricto control sobre este asunto.
Para detectar a tiempo
“Sin ir más lejos ni implementar controles tan minuciosos como un escáner de mano para detectar si el sistema de etiquetado es falso, se puede observar sin ser un especialista y darse cuenta si una botella es falsa o no. Siempre teniendo en cuenta el tipo de falsificación, hay casos en los que con sólo mirar la etiqueta uno puede ver que el vino no es original”, agregó María Virginia López, senior brand manager de Bodegas Navarro Correas. Un caso comentado por Bossi a Infobrand, es el de la botella de Don Perignon en el que el acento estaba puesto al revés o las etiquetas tienen un color diferente al de las otras partidas.
Siempre la calidad del packaging va a ser inferior al de las auténticas sólo por el hecho de que para las bodegas el marketing de las botellas es fundamental, es un valor agregado que a los falsificadores no les hace la diferencia alguna al momento de las ventas.
Para los asiduos consumidores existe también la posibilidad de corroborar con la bodega o distribuidora las partidas de las botellas por el año en que se emitieron. Si de una bodega aparecen en el mercado la cosecha 86, 90, 92, posiblemente los falsificadores vendan una cosecha 91 que obviamente es falsa. Con respecto al vidrio de la botella, el origen está codificado y es muy raro que el proveedor de una bodega le venda a otra persona la misma botella. Por último, en la base de cada botella se puede encontrar la marca de fábrica que identifica a los cristales nacionales. Esta puede ser una Ch, un trébol o una VA que sirven de insignia para verificar por medio del sello si la botella no es original.

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