LUNES 10 DE AGOSTO DE 2009
Mix de neuromanagement y biomedición. El Brain Gym propone programas de entrenamiento cerebral para mejorar las funciones ejecutivas, cognitivas, el manejo de estrés, emociones y distintas capacidades cotidianas en los ámbitos laborales.

La década de los 90´s fue especialmente prolífica en lo que respecta a investigaciones y descubrimientos sobre el funcionamiento del cerebro humano. A partir de ahí, la extrapolación y aplicación en otras disciplinas de estos avances multiplicaron sus campos de acción. “Indagar cómo son las estructuras cerebrales que inciden y determinan la toma de decisiones, creatividad, relaciones con los demás, liderazgo y aprendizaje son una renovación en cuanto a los modelos de gestión que se venían aplicando y abre un abanico de opciones para optimizar esos comportamientos” afirma Néstor Braidot, Director del Brain Decision Centre y del Grupo Braidot. Aunque todos, en mayor o menor medida, necesiten optimizar su capacidad cerebral, el tipo de entrenamiento depende del tipo de actividad que la persona desempeñe. “Las áreas más beneficiadas son la conducción (liderazgo y toma de decisiones), RR.HH (selección de personal y capacitación) y marketing (ventas y comercialización) pero un médico, un ingeniero o controlador aéreo, todos necesitan mejorar su rendimiento cerebral” agrega.
El cerebro al gym
El Brain Gym proporciona diferentes programas en entrenamiento cerebral a nivel neurocognitivo, relacionados al manejo de estrés, la productividad y las emociones. Teniendo en cuenta el tipo de trabajo o profesión, se diseña un entrenamiento personalizado a través de un software específico, que establecerá una rutina particular. La regularidad provoca un incremento del flujo sanguíneo en las zonas cerebrales que se activan ante cada práctica. “La rutina apunta a detectar el potencial de cada persona y varía según el objetivo, ya sea mejorar las funciones ejecutivas, la atención, la memoria, autorregular las emociones o estimular la creatividad” apunta. La importancia de las funciones ejecutivas es que se ponen en funcionamiento diariamente, son procesos asociativos de ideas simples cuya combinación tiende a la resolución de problemas de diferente complejidad. “Este tipo de entrenamiento permite no sólo activar una mayor cantidad de neuronas sino promover la multiplicidad de conexiones entre ellas, con lo cual se mejora la velocidad en la toma de decisiones acertadas” afirma.
Midiendo el pensamiento
Para acceder a un programa de entrenamiento neurocognitivo hay un proceso de cinco etapas. “Primero es necesario descartar estrés, ansiedad o depresión, que son condiciones que producen déficit en las funciones cognitivas, luego determinamos el perfil y los objetivos del entrenamiento, la técnica y una evaluación neurocognitiva posterior para chequear los resultados” indica. Entre las recursos utilizados hay técnicas manuales (didácticas y tests), grupales o tecnológicas. El biofeedback permite a una persona visualizar en una pantalla de computadora sus reacciones psicofisiológicas y, a partir de esto, aprender a regularlas por control voluntario, en tanto que el neurofeedback consiste en el uso de sistemas computarizados y sensores, con los cuales es posible registrar la actividad de las ondas cerebrales. A través de juegos en la computadora, se entrena al paciente para que modifique frecuencias disfuncionales, produciendo una retroalimentación positiva cuando las frecuencias son las deseadas.
Un paso más: biomedición
La biomedición por su parte, supera a las técnicas tradicionales para comprender la conducta humana más allá de lo verbalizable. Las reacciones fisiológicas que se miden son la actividad electrotérmica, la temperatura y la actividad muscular a través de la colocación de sensores que transmiten la información. Se pone la lupa sobre el nivel de sudoración de la piel, la variación de la temperatura corporal y la contracción de músculos, son la respuesta del sistema nervioso autónomo. “Se utiliza para medir microexpresiones faciales generadas durante el proceso de percepción, podemos identificar a priori la reacción gestual involuntaria –y auténtica- que se desencadena, es la verdad del individuo independientemente de su discurso” concluye Braidot.