jueves 17 de mayo de 2012

Las RRPP en la mira: agitaciones por el caso Gaby Álvarez

por Redacción Infobrand

LUNES 18 DE FEBRERO DE 2008

El 23 de enero, Ariel Coelho y el relacionista público Gaby Álvarez protagonizaron un fatal accidente en Punta del Este. Según informó la prensa, una maniobra muy imprudente del auto en el que viajaban habría sido la causa de la muerte de una pareja que iba en moto. Ante el hecho, una parte de la opinión pública tildó rápidamente a Álvarez de “asesino”. Un experto analizó el tema para Infobrand haciendo foco en los que no están expuestos al candelero de la farándula

El título fácil 

Los accidentes de tránsito son un problema grave. El aumento del parque automotor y del consumo de alcohol, sumado a cierta imprudencia de quienes conducimos, están construyendo estadísticas horrendas. Pero hay que tener cuidado; que un accidente fatal sea algo muy lamentable, no convierte a quien lo provoca en un “asesino”. Según el diccionario, “asesinar” es “matar a alguien con premeditación” y esa acción no es propia de este tipo de episodios. Por lo expuesto, estamos ante una condena social exagerada.

Lo dicho no significa que Álvarez no sea responsable de las muertes y del desgarrador dolor provocado a la familia de la pareja. Quizás lo sea y es probable que deba pagar civil y penalmente (con prisión) por ello. Pero no es un asesino.

Exposición y profesionalización 

Ahora bien, Gaby Álvarez no sólo tuvo una condena “social”, también tuvo una condena “profesional”. Varias voces señalaron el daño que su alta exposición mediática habría causado a las relaciones públicas, todo agravado por el accidente.

“No hace relaciones públicas”, “no estudió”, “la tarea del relacionista tiene que ver con las empresas y no con la farándula”, “los verdaderos profesionales trabajan para que sus clientes aparezcan en los medios, no para aparecer ellos”, se escuchó en círculos académicos, profesionales y periodísticos.

Tengo una opinión 

En primera instancia, recordemos que Gaby Álvarez hace eventos y prensa, y esas son dos áreas propias de las “relaciones públicas”. Los pioneros de la disciplina, Ivy Lee y Edward Bernays, comenzaron haciendo precisamente “prensa”.

Si bien el espacio natural (y recomendable) para capacitarse son las universidades y los institutos, hay muchas personas que, como Álvarez, no estudiaron la carrera e igualmente están al frente de consultoras o departamentos de grandes organizaciones. Y nadie los cuestiona. Sucede lo mismo con el periodismo... ¿O acaso llamamos periodistas sólo a los graduados?

Farándula y negocios 

Desacreditar a quienes están vinculados a la farándula, también es exagerado. En primer lugar, porque también trabajan con empresas, algunas muy prestigiosas, que los contratan para que acerquen famosos a sus eventos; la dicotomía relaciones farandulescas versus relaciones empresariales, entonces, no existe. En segundo lugar, porque dentro de ese genérico llamado “farándula” no hay sólo caras bonitas, también hay importantes artistas. En el caso de Álvarez, es conocida su relación con la familia Spinetta, Cerati, el gran Charly... ¿Tampoco vamos a tolerar que existan relaciones públicas del espectáculo?

Los otros que no se ven 

Es verdad, en los medios las RR. PP. aparecen mayoritariamente ligadas al show business, dando una visión parcial de nuestra profesión. Ahora bien... ¿Es eso responsabilidad de quienes se dedican al rubro? Definitivamente, no. El problema es que quienes trabajamos en otros rubros (comunicación interna, relaciones comunitarias, PR marketing o lobbying), no salimos a ocupar los grandes espacios. El problema no son los que están, sino los que no estamos.
 
Si queremos que quede claro qué son las relaciones públicas, tenemos que tener una presencia más activa en los medios. De nada sirve enviar cartas a correos de lectores o llamar a las radios. No tenemos que “explicarnos”; tenemos que “estar”, tenemos que convertir nuestros nombres y apellidos en marcas (¡Precisamente lo que se le critica a Gaby Álvarez!).
 
Si algo condenó a Álvarez, previo al accidente, no fue su alto grado de exposición, sino el perfil soberbio que mostró. Pero su soberbia, que tan mal nos cayó a muchos, no debe convertirlo ahora en Jack El Destripador. Recordemos que está siendo procesado por “homicidio culposo” (sin intención de matar) y no por “homicidio doloso” (con intención de matar).

A su vez, que la imagen de las relaciones públicas no sea la que deseamos los que estudiamos, trabajamos y damos clases de relaciones públicas, es nuestra exclusiva responsabilidad. Seamos sinceros. Gaby Álvarez no tiene la culpa de eso. 



Lic. Roberto Vilariño
Profesor de la Licenciatura en Relaciones Públicas de la Universidad de Palermo y Consultor Independiente de RRPP
rvilar@palermo.edu

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