VIERNES 15 DE FEBRERO DE 2008
El Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) sigue de cerca el boom del consumo nacional. Y es que el comportamiento de esta variable y del ahorro son claves para comprender el crecimiento económico y sus ciclos. Esto es porque lo que se consume es igual a lo que el país posee para seguir creciendo, es decir, a lo que ahorra y puede invertir en nuevos bienes de capital, la fuerza motriz del desarrollo a largo plazo. Sin embargo, un estudio reciente muestra que con más ahorro, no sube la inversión.
Aumentar la inversión es clave para promover un entorno de mayor productividad que sostenga el crecimiento, con mejoras en la calidad de los empleos. Sin embargo, IDESA realizó un informe que evidencia un desequilibrio en la trilogía consumo-ahorro-inversión. Si bien esta última aumentó generosamente, su nivel sigue siendo insuficiente.
El principal problema no es la falta de ahorro – que en el 2006 tocó un nivel récord –, sino la profundización de señales y reglas de juego que desalientan a que ese ahorro se canalice hacia proyectos productivos dentro del país.
Según los expertos de IDESA, esto marca la importancia de impulsar un replanteo del sistema impositivo, las regulaciones y los estilos de gestión del gasto público.
El desafío del equilibrio
El desarrollo económico y social demanda inversión. Sólo de esta manera es posible generar aumentos de producción y productividad que sustenten mejoras en la calidad de vida de las personas.
No obstante, no existe una regla precisa sobre cuál sería el nivel óptimo de inversión. Además, tan importante como la dimensión cuantitativa (cuánto se invierte) son los aspectos cualitativos (en qué se invierte). De todas formas, en general se tiende a utilizar como indicador el porcentaje del PBI que se destina a la inversión.
Aunque IDESA aclara en su estudio que si bien es una metodología de uso extendido, tiene limitaciones: Pero al menos otorga alguna idea sobre el panorama que se enfrente. Por otra parte, los especialistas indican que una aproximación complementaria es cuantificar el esfuerzo que hace un país usando como indicador el monto de la inversión total por el número de ocupados. Esto apunta a dar una visión sobre cómo se está dotando a los trabajadores de un mejor entorno tecnológico, para que incrementen su productividad.
En este sentido, y tomando los datos para la Argentina a precios constantes de 1993 se observa en primer lugar, que la inversión por trabajador ocupado fue creciente hasta llegar a un “pico” en 1998 de 5.700 pesos (equivalentes a dólares) por trabajador ocupado. A partir de ese momento comienza a caer y llega a un “piso” en el 2002 de 2,300 pesos. Con la recuperación vuelve a crecer y llega en el 2006 a 5,000 pesos.
Como indican estas cifras, los datos del estudio señalan que el proceso de recuperación post crisis ha sido importante. Pero también especifica que hace falta todavía mejorar mucho más. “Si se incorporara la dimensión cualitativa, seguramente que las insuficiencias serían más marcadas”, agrega el informe. En otras palabras, para enfrentar el desafío de sostener altas tasas de crecimiento y mejorar la calidad de los empleos es necesario un proceso de inversión mucho más enérgico.
Ahorro e inversión
“¿El problema de la insuficiente inversión en la Argentina está asociado a la insuficiencia del ahorro nacional?” se pregunta la investigación. Las cuentas nacionales indican lo contrario. En los últimos años, el ahorro creció considerablemente. Hoy, de cada 4 pesos de ingreso disponible, 3 se destinan al consumo, público y privado, y 1 al ahorro, cuando antes de la crisis de cada 5 pesos, se ahorraba 1. Es decir, lo que aumentó es el sacrificio de consumo presente, pero este no se refleja en mayor inversión.
Esto se explica porque, mientras que antes de la crisis el ahorro interno era complementado por el ingreso de capitales, luego de la crisis, el ahorro nacional es erosionado por la migración de capitales.
Según IDESA, varios factores explican esta paradoja de “ahorro sin inversión”. Entre otros, “el default, la manipulación de los índices del INDEC y del sistema previsional, la acumulación de distorsiones de precios sostenidas por crecientes subsidios, la litigiosidad laboral y la violación de la división de poderes y del régimen federal”. Por tanto, el principal desafío de la nueva administración es generar las condiciones para que el ahorro nacional se canalice a proyectos productivos dentro del país. Para esto, la agenda de políticas públicas debería priorizar el replanteo del marco institucional en materia de impuestos, regulaciones y estilos de gestión del gasto público. Armar un cuerpo consistente entre estas variables que brinde previsibilidad a los negocios y seguridad jurídica va a alentar la inversión con la consiguiente generación de empleos de calidad.
El informe concluye: “de lo contrario, los ahorros seguirán migrando hacia entornos menos adversos que el argentino (que abundan en otras partes del mundo) y la inflación seguirá siendo el problema y la manifestación más visible de que la inversión en Argentina es insuficiente”.